Descifrando los ecolabels. ¿Qué son y si realmente tienen sentido su uso?

No todos los sellos que encontramos en los productos son certificados por organismos independientes. Conviértete en un consumidor más inteligente, aprendiendo a identificarlos.

Son muchos los diferentes tipos de sellos que podemos encontrar en productos y servicios durante nuestro día a día. Algunos de ellos, incluso vienen a significar lo mismo pero con diseños muy distintos entre sí.

Para entender mejor el por qué de tal diversidad de certificados, primero de todo debemos saber que son las étiquetas ecológicas.

¿Qué es una etiqueta ecológica?

Las etiquetas ecológicas tienen como objetivo el comunicar el desempeño medioambiental y de sostenibilidad de un producto. Con el fin de servir como herramienta veraz y fiable para evitar el greenwashing, es decir, evitar que las empresas anuncien sus productos o servicios como ecofriendly de una manera deshonesta con el fin de aumentar sus ventas.

Precisamente, como resultado de algunos incidentes producidos por el nombrado greenwashing, la Organización Internacional de Normalización (ISO), desarrolló la serie ISO 14020 para englobar todas las etiquetas ecológicas y declaraciones ambientales, siguiendo unos requisitos estandarizados.  

Clasificación de las etiquetas ecológicas ISO

Dentro de la ISO 14020 encontramos tres tipos de clasificación según su finalidad o el campo de actuación: 

Tipo I o ecolabels

Este tipo de etiqueta evalúan el impacto medioambiental de productos y servicios a través del análisis de su ciclo de vida.
Dentro de la Unión Europea la etiqueta más conocida es la ecolabel. La obtención de esta etiqueta se realiza a través de organismos independientes siguiendo los requerimientos específicos de la norma ISO 14024.

ecolabel-eu

Tipo II o autodeclaraciones ambientales

Son etiquetas autodeclaradas por las propias empresas y organizaciones, es decir, no son verificadas por un tercero. 
Dentro de esta categoría una de las más conocidas es la del círculo de Möbius o símbolo internacional del reciclaje. Dentro de este hay
diferentes versiones que indican al consumidor sobre su porcentajes de reciclabilidad o garantizar su posterior reciclado sostenible.  

círculo de Möbius

Tipo III o declaraciones ambientales de producto

 Este tipo se rige por el  ISO 14025. Son usadas en especial para pasar información entre empresas ya que son muy detalladas. Estas no suponen una ventaja ambiental de por sí, sino simplemente la información detallada de que el producto ha sido verificado para cumplir con las reglas establecidas a través de un organismo independiente.

Aunque todas estas etiquetas son de carácter voluntario, las que dan más seguridad al consumidor son las del tipo I y III dado que están certificadas por entidades independientes y no por la propia compañía que fabrica el producto como es en el caso de las de tipo II. 

Diferentes etiquetas ecológicas según el país

A pesar de que en este artículo se centra en las etiquetas más usadas dentro del marco de la Unión Europea,  mencionar que existen diferentes etiquetas ecológicas alrededor del planeta e incluso dentro de la propia Europa. 

Así que para aquellos que estáis leyendo desde otros puntos del globo o incluso para los que planeáis hacer un viaje siguiendo un estilo de vida sostenible, independientemente del lugar dónde os encontréis, os dejo este mapa con los diferentes diseños de etiquetas ecológicas que podréis encontrar: 

Ecolabels around the world

Algunas de las etiquetas más comunes

Hoja verde de la UE

Hoja verde de la UE: Esta etiqueta es la usada dentro de la Unión Europea para señalar que el alimento es ecológico. Garantizando además la ausencia de transgénico y métodos de cultivo que cuidan el medio ambiente. 

Etiqueta de energética europea

Etiqueta de energética europea: Indica el nivel de consumo de los electrodomésticos mediante una clasificación alfabética donde el A+++ simboliza la máxima eficiencia energética. Esta etiqueta permite a los consumidores poder comparar los productos de manera sencilla según su gasto energético. Este distintivo es obligatorio en la Unión Europea. Se puede encontrar en electrodomésticos, ventanas, neutomáticos, bombillas e incluso edificios nuevos.

Certificación Forestal PEFC y FSC

Certificación Forestal PEFC y FSC: garantizan que el origen del papel, la madera y otros productos forestales han sido adquiridos de bosques gestionados de manera sostenible y permitiendo la conservación de la biodiversidad.

Certificación de los productos de Comercio Justo

Certificación de los productos de Comercio Justo: con esta etiqueta se informa al consumidor que el producto elaborado se ha hecho garantizando que los productores y trabajadores de países del sur vivan dignamente. Fomentando el desarrollo de las comunidades.

Certificado AENOR de la Huella de Carbono

Certificado AENOR de la Huella de Carbono: Dentro del marco español, la organización sin ánimo de lucro AENOR, acredita la veracidad del cálculo de la Huella de Carbono de una corporación.

Si quieres saber más a acerca de las diferentes etiquetas ecológicas o desconoces el significado de alguna de ellas, te recomiendo que le eches un vistazo a este listado donde podrás encontrar todas las que existen actualmente. Aunque mi recomendación es que no te agobies con todas ellas. Lo importante como consumidor es despertar el ojo crítico. 

¿Son realmente útiles las ecolabels?

Llegado a este punto, puede ser que te encuentres en la situación de que por un lado te haya aclarado muchas cosas sobre las etiquetas ecológicas, pero al mismo tiempo que te haya creado más incertidumbres sobre cuántas hay o cuales debería priorizar.

Sin duda, el hecho de que existan etiquetas gestionadas por cada empresa productora sin una verificación por parte de una organización independiente, aumenta aún más la duda de si este sistema es el adecuado o si simplemente estamos ante una nueva herramienta de greenwashing. 

Sin ir más lejos pondré el ejemplo de la empresa Starbucks, quien cuenta con su propia etiqueta denominada C.A.F.E. Practices. Un sello que según la empresa garantiza que el café es de alta calidad y cultivada de forma sostenible a través del comercio justo. 

C.A.F.E. Practice

La pregunta es ¿por qué usar su propio sello cuando ya existe la certificación de comercio justo? Quizás las motivaciones que llevaron a Starbucks a crear su propia certificación sean muy nobles. Pero en un mundo regido por la publicidad, cabe la sospecha de si estamos ante una mera herramienta de marketing para atraer a un determinado público. 

En mi humilde opinión, como siempre el ser humano complicamos lo sencillo, y la solución va más de la mano de apostar por productos locales. Y por supuesto, minimizar el número de compras a empresas de las que desconocemos su filosofía empresarial y modelo de producción.

Una economía más verde y justa como único modelo de certificación

Por supuesto, todo no puede ser comprado a nivel local o empresas familiares. Al menos, no me imagino teniendo un vecino que fabrica de manera artesanal neumáticos  para coches. Pero ante esto y considerando la locura a la que hemos llegado de sobre explotación tanto a nivel medioambiental como social, ¿podemos seguir apostando por productos que por un lado sean beneficiosos para la protección de la naturaleza, pero por otro lado, maltrate a los animales o lleven a cabo prácticas laborales abusivas? 

El futuro al que debemos encaminarnos tiene que ser verde y justo, sin matices grises o parciales. La simplicidad de no tener que recurrir a ninguna certificación porque el modelo de producción alcanzado cumple con estos dos requisitos.

Pero mientras seguimos luchando por alcanzar esta realidad,  como consumidor responsable debemos preocuparnos de saber el impacto de lo que compramos y apostar por marcas respetuosas.

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